ASOCIACIÓN DE LA HEROICA ESCUELA NAVAL MILITAR, A.C.

CAPITULACION DE SAN JUAN DE ÚLUA.

La situación del bloqueo a San Juan de Ulúa y la amenaza de los iberos contra Veracruz prevaleció durante los primeros meses de 1824. En junio de ese año, el General Miguel Barragán fue nombrado comandante deI Estado de Veracruz, y dictó órdenes -el 8 de septiembre- para ocupar la Isla de Sacrificios acción que se completó hasta el mes de noviembre.

En diciembre se designó al Primer Teniente Francisco Paula López para que asumiera el mando de la escuadrilla de la Marina de Guerra Mexicana y continuara el bloqueo a San Juan de Ulúa, sin permitirle recibir ningún tipo de ayuda que llegara por mar.

El 27 de julio de 1825, el Capitán de Fragata Pedro Sáinz de Baranda fue nombrado Comandante de Marina en el puerto de Veracruz en sustitución del Capitán de Fragata José María Tosta. El 16 de agosto siguiente, Sainz de Baranda llegó al puerto y de inmediato se dedicó a reorganizar la escuadrilla que estaba comisionada para el bloqueo de San Juan de Ulúa.

La llegada del señor José Esteva, Ministro de Hacienda, con dinero y amplias facultades del Presidente Guadalupe Victoria, ayudo mucho para mantener a los buques en condiciones óptimas para continuar con el bloqueo.

Para ello se contaba, además, con refuerzos de navíos que habían sido comprados en Inglaterra por el señor Mariano Michelena: Fragata Libertad, Orizaba, Papaloapan y Tampico y el pailebot Federal y en los Estados Unidos de América los primeros barcos de la Marina de Guerra Mexicana: las goletas Anáhuac e lguala (buque en el que se izó por primera vez la enseña nacional) , así como las balandras.

El 5 de octubre arribó una escuadra de barcos de guerra españoles, al mando del Capitán de Navío Ángel Laborde Navarro: fragatas Aretusa, Casilda y Sabina, así como algunos transportes que llevaban víveres y relevos para la guarnición de San Juan de Ulúa.

Ante este acontecimiento, al día siguiente zarpó la escuadrilla de la Marina mexicana al mando del Capitán de Fragata Pedro Sáinz de Baranda. Aproximadamente a las 16:30 horas, los buques nacionales tomaron posiciones frente a los iberos, pero se desató un fuerte temporal que dispersó las naves de las dos flotas.

Los barcos mexicanos se reunieron en la Isla de Sacrificios y en la mañana del 11 de octubre avistaron nuevamente a los bajeles extranjeros. A las 10:00 horas zarparon los navíos mexicanos para situarse en la línea de batalla; los españoles, después de mantenerse en posición durante cuatro horas sin entablar combate, optaron por retirarse, con rumbo a La Habana, Cuba, quizá con la idea de agregar fuerza naval y volver con lo que requerían sus compatriotas en San Juan de Ulúa.

El 5 de noviembre, el Brigadier José Coppinger -quien el 28 de enero de 1825 relevó al General Francisco Lemaur-, en respuesta a la rendición que le propusiera el General Miguel Barragán, pidió una tregua de 48 horas para discutir los términos de la claudicación; en ese lapso se trasladaron al castillo de Ulúa los representantes del Gobierno mexicano, señores José Antonio Juille y Moreno, José Román y Juan Robles, quienes en unión con el Brigadier español y sus Oficiales redactaron un documento para la suspensión del bloqueo.

El referido acuerdo fue sancionado el 17 de noviembre de 1825 y constó de 14 artículos; fue firmado por los señores Miguel Suárez del Valle y Domingo Lagui como representantes mexicanos, y por el Brigadier José Coppinger y el señor Mariano García por las tropas españolas.

En cumplimiento de lo asentado en el artículo 74 del pliego de capitulación, los Coroneles mexicanos Ciriaco Vázquez y Mariano Barbosa pasaron al castillo de Ulúa, mientras que dos Oficiales españoles nombrados por Coppinger quedaron en Veracruz como rehenes.

Los días 19 y 20 de noviembre, los soldados de la guarnición española que se encontraban enfermos fueron llevados a los hospitales del puerto; entre tanto, las autoridades militares mexicanas recibieron de los iberos: cinco lanchas, dos falúas, un pailebot y dos botes, además de toda la artillería, armas, montajes, carruajes y otros pertrechos.

El 27 de noviembre, el Brigadier José Coppinger y su Estado Mayor se embarcaron en el bergantín Victorío de la Armada mexicana, además de los rehenes Vázquez y Barbosa simultáneamente, en los buques mercantes Águila y Guillermo, fletados por el Gobierno de México, abordaron 103 españoles de la guarnición y otros 15 más de los que se habían rendido; se abastecieron de los implementos necesarios y el día 23 zarparon de Veracruz con rumbo a La Habana, Cuba.

En ese momento, como se había estipulado en el pliego de capitulación, con todos los honores del ceremonial militar se arrió la bandera española en San Juan de Ulúa y a las 11:00 horas se izó el pabellón tricolor mexicano, que fue saludado con salvas de artillería, música y el más estruendoso entusiasmo de la población del puerto de Veracruz.

Así fue como la naciente Marina de Guerra Mexicana logró la capitulación del último bastión extranjero en nuestra tierra y consolidó para siempre la Independencia nacional.

Con base en lo anterior, el 21 de noviembre de 1997 el Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, emitió un decreto en el que se dispone que el día 23 de noviembre de cada año sea la fecha destinada en el calendario cívico nacional para festejar el Día de la Armada de México.